El trabajo con la persona del terapeuta

Situación actual de la práctica de la psicoterapia 

La tarea terapéutica, apasionante sin duda, nos expone cotidianamente a interacciones que están teñidas de fuertes dosis de ansiedad, violencia, desorganización, desesperanza, etc., y no siempre es posible dar una respuesta rápida y eficiente a esta demanda. Parte de lo no resuelto queda operando como perturbación en el terapeuta. 

Por lo tanto una de las prácticas que nos parecen necesarias es un giro sobre nosotros mismos, reexaminando, entre otras cosas, los modelos que nos han orientado. Este giro, lejos de desatender la clínica, contribuye a aumentar su calidad. Es necesario el cuidado del terapeuta para que éste pueda cuidar; las personas que cuidan a personas deben y merecen ser cuidadas.

El ejercicio de la psicoterapia implica para el terapeuta varias cuestiones fundamentales: a) enfrentar problemáticas severas, insertas en un contexto sociocultural y económico sumamente crítico; b) una formación teórico-clínica no siempre sintónica con los problemas a enfrentar; éstas requieren mayor trabajo en equipo, redes y colaboración interinstitucional, y en muchos casos medidas socioambientales; c) las situaciones mencionadas le exigen al terapeuta un mayor compromiso emocional y personal, al mismo tiempo de que dispone de una menor preparación instrumental; d) bajos niveles de ingreso y de estabilidad laboral, así como escasos recursos y menor grado de motivación para la educación permanente, lo que deriva en un descenso en la escala de prestigio y reconocimiento social del profesional psicoterapeuta; e) todo lo enumerado determina un cierto isomorfismo entre la situación laboral del profesional medio y buena parte de la población consultante. 

Es un tiempo de cambios acelerados y desajustes, que produce malestar.

Macro contexto del terapeuta. 

En resumen, el nuevo siglo lo encuentra al mismo con:

  • consultantes que se presentan con problemáticas cada vez más graves, con posibilidades de pago decrecientes; 
  • lugares de trabajo institucional que atienden patologías graves y abonan honorarios bajos o inexistentes;
  • falta de medios personales e institucionales para obtener contención, supervisión y entrenamiento;
  • tiene que competir con diferentes «magias»: autoayudas, terapias florales, etc. 
  • un Estado que no satisface plenamente la provisión de medios y políticas para el desarrollo de la salud mental y la atención psicológica, tanto en el aspecto de las prestaciones, como en el académico y de investigación; 
  • sus propias problemáticas personales, familiares, y sociales;
  • las problemáticas de las instituciones de pertenencia, que a menudo no aciertan a adaptar sus paradigmas y sus prácticas a un mundo cambiante e impiadoso. 

Microcontexto del terapeuta

C. Whitaker (1992) sintetiza muy bien las características del ámbito cotidiano de trabajo en el consultorio. Dice «[El terapeuta] Está sometido a un tipo de aislamiento…. En mayor grado que al padre, al jefe o al funcionario público, se le escamotean los efectos rectificadores de una saludable relación de persona a persona…. El terapeuta no tiene con quien relacionarse. No es destinatario del afecto de su paciente; ese afecto se dirige, más allá de él, hacia el símbolo que él representa. Durante la mayor parte de su jornada de trabajo queda aislado. Por otra parte su propio afecto debe estar tan controlado como los golpes de un padre que boxea con su hijo de cuatro años. Su participación debe ser graduada según la tolerancia física y emocional del paciente en transferencia«. 

El terapeuta queda así en el incómodo lugar de estar en el medio de las presiones del macro y el micro-contexto

¿Qué es lo que nutre al terapeuta en su vida profesional?

Las matrices provistas por la familia de origen, la familia actual, y la comunidad socio-económico-cultural donde vive. La formación de grado y posgrado, los marcos teóricos, la propia psicoterapia, supervisiones, entrenamientos, y la red profesional de la que forma parte etc. 

Pero a través de qué llegan estos sustentos de su profesión al paciente? A través de su persona, que es su instrumento de trabajo. Por eso es muy importante el cuidado de la misma.

La persona del terapeuta es continente de variados temas:

  • historias y experiencias de vida;
  • similitudes y resonancias con las situaciones problemáticas de los pacientes, que puede haber resuelto o no;
  • sentimientos que se ponen en juego en la tarea;
  • ideas y creencias propias que pueden colisionar con las del paciente;
  • características de personalidad;
  • aprendizajes teóricos;
  • mandatos de sus lugares de pertenencia sobre cómo trabajar;
  • estilos personales de trabajo;
  • poner en juego en su trabajo su palabra, sus actos, y sus actitudes;

Por lo tanto es muy conveniente que los terapeutas dispongan de un espacio, para:

  • explorar a fondo su vida personal. 
  • beneficiarse al relacionarla con su práctica clínica. 
  • relacionar su personalidad, su estilo, su experiencia de vida, etc., con los pacientes en tratamiento;

Este espacio deberá ser distinto y complementario de clases y supervisiones,

Los talleres de trabajo con la persona del terapeuta

Lo antes señalado puede lograrse en talleres de trabajo grupal donde se compartan experiencias en un marco de comprensión y de confidencialidad. Este proceso de intercambio estaría destinado a: a) incrementar la comprensión de la compleja realidad clínica y su contexto; b) evaluar el grado de compromiso, esfuerzo y desgaste emocional que implica o exige la tarea; c) facilitar una elaboración transformativa para que el psicoterapeuta no quede sobrecargado; d) protegerlo al mismo tiempo de una exposición peligrosa, tanto para su salud como para la eficiencia de su tarea profesional; e) facilitar el aprendizaje de la detección temprana de dificultades, tanto en su propia persona como en el curso de su tarea clínica; f) incrementar el conocimiento de su persona, fortalezas y debilidades. 

Los Temas de trabajo de estos talleres

Atinentes al terapeuta

  • cuánto se conoce el terapeuta a sí mismo;
  • dificultades y anclajes que puedan provenir de su historia de vida;
  • en qué momento de su ciclo vital está; sus familias de origen y actual;
  • capacidad de relación del terapeuta; la calidad de su red social;
  • cómo se maneja con los conflictos (es evitador o amplificador);
  • mitos del terapeuta; su cultura y experiencia de vida; 

Atinentes a la práctica profesional

  • cómo se maneja con los pacientes; cercanía vs. distancia; flexibilidad; la alianza terapéutica; desarrollo de habilidades;
  • características de su formación y déficits de la misma;
  • los distintos modelos que orientan su acción;
  • claves para detectar los patrones interaccionales (propios y del paciente);
  • transformación de las debilidades del terapeuta, en herramientas para determinados fines;
  • su condición de observador-participante-autoobservador;
  • relaciones y competencias con otros profesionales;
  • técnicas de supervivencia en psicoterapia; 

Atinentes al contexto socio cultural 

  • cambios sociales que influyen en la terapia y las formas de la demanda; 
  • las nuevas patologías y sus desafíos;
  • la vida, el cine, el teatro y la novela como proveedores de metáforas;
  • las cuestiones éticas, y el tema de los valores en psicoterapia;

Conclusiones

Abordar las tareas señaladas se torna importante en la actualidad, debido a la demanda de sostén que hay de parte de muchos terapeutas que no tienen la posibilidad económica de acceder a psicoterapias individuales y privadas. Al mismo tiempo podrían obtener de estos talleres un plus en cuanto a la práctica profesional frecuentemente no provistas por aquéllas.

En tal sentido puede enriquecer y hacer más eficaz su práctica profesional compartir en un equipo la reflexión sobre la función terapéutica, las perspectivas trigeneracionales de cada uno, el aprovechamiento de las resonancias, el intercambio en un taller que funcionará como un equipo reflexivo al estilo de Andersen, T. (1994). Todas estas actividades pueden fecundarse mutuamente, en un proceso en el que los terapeutas participantes hablan de su clínica, al mismo tiempo que revisan aspectos personales y familiares.

Esta actividad que proponemos pretende cubrir un vacío, proveniente de la falta de una psicoterapia especializada del terapeuta, debido a que: 

  • los terapeutas que no pertenecen al campo del psicoanálisis no pueden recurrir al llamado análisis didáctico o equivalentes; 
  • cuestiones derivadas del costo de la psicoterapia; 
  • las limitaciones económicas de la profesión, y su consecuencia, la caída del compromiso del terapeuta con su crecimiento;
  • ciertas líneas de trabajo que promueven el rol de técnico terapéutico.

Por lo tanto estimamos que el trabajo con la persona del terapeuta, puede resultar una forma de cubrir el déficit mencionado, sin pretender remplazar las psicoterapias individuales y supervisiones. 

H. Aponte (1985/86) propone que la psicoterapia desarrolle no solamente los resultados y los cambios, sino también «el crecimiento mental de los pacientes», porque éste contribuirá a sostener y profundizar los primeros.

En tal sentido señala áreas de crecimiento a las que los terapeutas deben prestar atención:

  • La necesidad de que el trabajo profesional y el propio vivir íntimo sean congruentes.
  • El crecimiento personal del terapeuta genera un mayor compromiso del mismo con los pacientes y su profesión.

Mucho de lo que el terapeuta llega a conocer debe ser deducido de aquello que su persona experimenta en la relación con sus pacientes. 

La adquisición de conocimiento y técnica es fundamental, pero la habilidad del terapeuta para implementar eso que aprendió, no deviene automáticamente con esa adquisición.

El mismo autor clasifica las habilidades terapéuticas en:

  • las teórico-técnicas 
  • las habilidades interiores o integración personal del terapeuta
  • la disponibilidad y capacidad para el trabajo colaborativo e interdisciplinario con otros profesionales. 

Esta última habilidad es significativa cuando la tarea terapéutica tiene que ver con la red del paciente: mediaciones, problemas psicosomáticos, problemas escolares, empresas familiares, interfases terapéuticas, etc.

Como participante en el proceso de terapia, para preservarse, el terapeuta debe pendular entre ser observador, y auto observador. Parte del estrés de la profesión se debe a estar sosteniendo a otros sin estar debidamente sostenido. En el entrenamiento el foco es la habilidad profesional, y el efecto secundario el cambio personal. En el trabajo con el self el foco está en el cambio personal (y del contexto de esa persona), y el efecto secundario será el crecimiento de la habilidad profesional

C. Whitaker (1991/92) destaca el aislamiento del trabajo terapéutico, y plantea para subsanarlo el intercambio entre profesionales, del que menciona distintas formas: 

  • la supervisión en grupo,
  • la terapia lúdica, 
  • la coterapia, 
  • el grupo de amparo, llamando así al grupo permanente de supervisión en la institución clínica de pertenencia;

y señala también, 

  • la necesidad permanente de formación, combinada con la de
  • el compromiso del terapeuta con su propio crecimiento 

En resumen, esto está sintetizado por ese maestro en una proposición de dos palabras: curar… curándose.

Bibliografía básica de referencia

Andersen, T. (1994), El equipo reflexivo, Gedisa, Barcelona.

Aponte H. (1985). «La persona del terapeuta», Sistemas Familiares, Año 1, Nº 1.

Aponte H. (1996). «El sesgo político, los valores morales y la espiritualidad en la formación de los psicoterapeutas», Sistemas Familiares, Año 12, N° 3.

Aponte y Winter. (1988). «La persona y la Práctica del Terapeuta», Revista Sistemas Familiares, Año 4, Nº 2.

B. Nagy, Lealtades invisibles, Amorrortu.

Baringoltz S. (1996), Integración de aportes cognitivos…, Editorial de Belgrano, Cap 5.

Bergman, J., Pescando Barracudas, Paidós. Cap. 8

Galfré, O. y Barinboim, B. (1998), «Explorando un modelo posible de psicoterapia para psicoterapeutas», Revista Clínica Psicológica, Vol. VII – N° 1.

Gonzalez O. y A. , y otros. (1993). «El self del terapeuta y su compromiso en la terapia», Sistemas Familiares, Año 9, Nº 3. 

Minuchin, S., El arte de la terapia familiar, Paidós.

Santi, W. (Comp., 1996), Herramientas para psicoterapeutas, Paidós.

Whitaker C. (1991) De la psique al sistema, Comp. J. R. Neill y D. P. Kniskern, Amorrortu, B. Aires. 

Whitaker, C. (1992) Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar, Paidos, Buenos Aires.

Sobre los autores

Lic. María Graciela Frascino: Psicóloga, Posgrado en Terapia de Parejas y Familias, CEFYP. Coordinadora docente, y Coordinadora del Equipo de Profundización en Terapia Familiar de ISDEBA. Atención clínica en consultorio privado: adolescentes y adultos. Terapias individuales, de pareja y de familia. Coordinadora del Proyecto de Investigación «Salud y Familia», organizado en conjunto por la Universidad del Museo Social Argentino, Facultad de Psicología y Psicopedagogía con el Hospital General de Agudos «Dr. T. Álvarez», Residencia en Medicina Familiar. mgfrascino@hotmail.com

Dr. Oscar Julio Galfré: Doctor en Psicología y Doctor en Psicología Clínica, UB. Realizó previamente estudios de Sociología, licenciándose en la UBA. Se ha especializado en psicología clínica, terapia familiar, resolución de conflictos, y en abordajes interdisciplinarios. Realiza asistencia, docencia e investigación en estas áreas. Profesor  e Investigador en la Universidad del Museo Social Argentino, Facultad de Psicología y Psicopedagogía, siendo co-director organizador  del Proyecto de Investigación «Salud y Familia», proyecto conjunto de esta Universidad con el Hospital General de Agudos «Dr. T. Álvarez», Residencia en Medicina Familiar. oscargalfre@fibertel.com.ar

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